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Román Rodríguez

En España conviven el nacionalismo español y nacionalismos territoriales, estos últimos fundamentalmente en Cataluña, Euskadi, Navarra, Galicia y Canarias; en menor medida, en Baleares y la Comunidad Valenciana. Unos de perfil conservador o liberal, otros ubicados en distintas sensibilidades de la izquierda. Con diferentes posicionamientos con relación al modelo de Estado, desde el federalismo a la independencia. Con posiciones distintas en relación a temas políticos, económicos o ideológicos.

Canarias no es ajena a esa situación. En esta tierra la precisión obliga a hablar, en plural, de nacionalismos, que pueden compartir algunas exigencias (por ejemplo, el disponer de máximas competencias, el reconocimiento de las aguas canarias o el derecho a decidir) pero que, también, pueden chocar abiertamente en su concepción del papel del Estado en la planificación económica, en la protección medioambiental y territorial, en el modelo fiscal o en la propia manera de entender la construcción nacional de Canarias.

Nueva Canarias (NC) forma parte, con otras organizaciones políticas y colectivos, de ese plural espacio. No solo desde su creación hace apenas una década. Una parte de los que fundamos esta organización ya nos encontrábamos en el ámbito del nacionalismo de izquierdas desde los años setenta. Otros hombres y mujeres tienen trayectorias más recientes, pero no menos intensas, unidas a luchas sindicales, ecologistas, pacifistas, feministas, de solidaridad con otros pueblos o de defensa de los servicios públicos.

El nacionalismo de NC valora y considera que el Estado debe jugar un importante papel en la economía, en la prevalencia del interés general y en la ordenación del propio sistema económico. Corresponde a éste establecer una fiscalidad justa y progresiva, establecer las leyes en el mundo laboral, garantizar los servicios públicos esenciales, las pensiones y la protección social del conjunto de la gente y, de manera especial, de desempleados y víctimas de la pobreza y de la exclusión social.

Coincidimos con lo señalado en el título VII de la Constitución, que subordina la riqueza del país al interés general y apunta que se podrá reservar al sector público recursos o servicios esenciales. Y que señala que el Estado “podrá planificar la actividad económica general para atender a las necesidades colectivas, equilibrar y armonizar el desarrollo regional y sectorial y estimular el crecimiento de la renta y de la riqueza y su más justa distribución”.

Para superar las profundas desigualdades y el mal reparto de la riqueza defendemos la creación de empleo y la calidad del mismo, así como  el fortalecimiento de los servicios públicos. Y, asimismo, la existencia de unos potentes servicios públicos –educación y sanidad- y de unos servicios sociales bien dotados. En las circunstancias en que vivimos, con más del 26% de desempleo y con un tercio de la población en la pobreza, con vergonzantes cifras de pobreza infantil, nos parece muy importante la defensa de una renta mínima que dé dignidad a todos los ciudadanos y ciudadanas.

 

Más y mejor autogobierno

Nuestro nacionalismo se vuelca en lograr el mayor nivel de autogobierno. Pero no nos conformamos solo con la asunción de más competencias, sino que exigimos su correcto desarrollo en las Islas. No vale el lamento permanente y echar todas las culpas a la ‘metrópoli’ cuando desde aquí se mal gestiona la sanidad o el territorio; o se desaprovechan las capacidades fiscales que tiene Canarias para incrementar los recursos destinados a este y otros servicios públicos y mejorar las infraestructuras. Cuando el conjunto de los servicios sociales han sido calificados de “irrelevantes”. Cuando los escasos recursos existentes no se destinan a las verdades necesidades de la gente, sino a actuaciones clientelares.

Somos un territorio archipiélago y la construcción nacional pasa por la justa y equilibrada vinculación entre lo insular y lo nacional. Los recursos deben ser distribuidos solidariamente atendiendo a los problemas de todos los canarios, a los generados por las circunstancias territoriales y a los que provienen de situaciones socioeconómicas. Adoptando políticas que ofrezcan un marco de máxima equidad. Sabiendo responder a los problemas del transporte y dando respuesta a las necesidades en infraestructuras y el acceso a los servicios públicos que precisa cada isla, así como al paro, la pobreza y la marginación en los que tienen desafortunado protagonismo distintos barrios de nuestras ciudades más pobladas.

Profundamente democrático. Convencido de que la política debe ser más transparente y que la participación ciudadana no puede quedar limitada al sufragio en los distintos comicios. Favorable a un sistema electoral más justo y equilibrado que posibilite ganar en pluralidad y en una mejor representatividad de los hombres y mujeres de Canarias.

Nuestro nacionalismo está comprometido, asimismo, en la igualdad entre hombres y mujeres. Es combatiente contra el machismo y contra cualquier tipo de discriminación. Y, especialmente, exige un mayor compromiso de las administraciones y del conjunto de la sociedad en la lucha contra la violencia de género, la expresión más brutal del machismo.

Aspiramos a una sociedad canaria plenamente inclusiva, que dé respuestas a la diversidad funcional en los más variados ámbitos: educativo, laboral, accesibilidad, ocio, etcétera, posibilitando una vida independiente y digna.

Territorio y medio ambiente

Creemos que el nacionalismo exige un compromiso pleno con el territorio y el medio ambiente, desde un planteamiento de desarrollo sostenible. Pensando en hoy y, asimismo, en lo que tienen derecho a disfrutar los canarios y canarias del futuro: su tierra, su naturaleza, su biodiversidad. Para lo que se precisa un modelo turístico sostenible, que mejore la competitividad, más centrado en la calidad que en la cantidad, que potencia la renovación y evite más ocupación territorial, que crezca de forma planificada y atendiendo a la capacidad de carga, y que sirva a los intereses endógenos de la población de las Islas.

Sin mercantilismos ni dobles varas de medir que permiten a algunos oponerse a las prospecciones, cosa que compartimos, pero que luego también les lleva, con su Ley del Suelo, a eliminar los controles de legalidad, posibilitar todo tipo de actuaciones en suelo rústico o renunciar a la cohesión y a un proyecto común de Canarias, fraccionando el gobierno del territorio y el medio ambiente.

Defensor de las tradiciones, del patrimonio, de la música popular, de los deportes autóctonos u otras expresiones construidas por los isleños con el paso de los tiempos, algunas fruto del mestizaje con otros pueblos y culturas. Pero comprometido, también sin fisuras, con la variada creación artística y cultural de los canarios del siglo XXI. Abiertos al mundo y a su diversidad.

Acogedor con las personas provenientes de los más diversos lugares que aquí trabajan y aquí se integran. Ajeno por completo al racismo y a la xenofobia. Respetuoso con las distintas creencias religiosas, pero con una concepción laica de la sociedad. Solidario con otros pueblos del planeta, especialmente, por cercanía o por relaciones históricas, con los de África y América Latina.

Estos son algunos rasgos del nacionalismo progresista que defiende y practica Nueva Canarias. Que nos acercan y nos separan de otros nacionalismos. Que orientan nuestras actuaciones, dentro y fuera de las instituciones, y nuestra política de alianzas con otras organizaciones, nacionalistas o no, en Canarias y en el conjunto del Estado.

Román Rodríguez es portavoz parlamentario y presidente de Nueva Canarias.

 

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