Antonio Morales

A la hora de escribir este artículo (martes día 24 de enero, por la tarde) el precio de la electricidad para los consumidores del mercado mayorista se acercaba a los 99 euros por megavatio hora. Todo apunta a  que durante la semana el coste se elevará hasta superar los 100 euros, cifra que no se alcanza, ni de lejos, desde 2013, cuando el ministro Soria se vio forzado a suspender las subastas que marcaban hasta entonces el precio de la energía ante la sospecha de una burda manipulación del sistema. Se optó entonces por eliminar la fórmula de las subastas trimestrales (en manos de fondos de inversión) y sustituirla por la que tenemos en estos momentos que establece la cotización del kilowatio cada hora. Se fabricó en aquella ocasión –ante el escándalo que supuso el aumento de las tarifas sospechosamente manipulado- una propuesta que solo se trataba de un puro maquillaje. La realidad es que han vuelto a las andadas. Que el cambio de propuesta no corrige los desmanes.

 

Y empieza en esta ocasión el Gobierno de Mariano Rajoy a dar explicaciones y se enreda en un bucle de justificaciones caótico: que si las causas se deben a la ola de frío, que si Francia no está produciendo energía nuclear y no nos suministra energía (aunque en Francia no se está produciendo este incremento)… Y algo tiene que ver, pero no es lo sustantivo. Lo incontestable es que las renovables son muchos más baratas y la eólica ante la falta de viento ha bajado su aportación al sistema. Lo mismo sucede con la hidráulica afectada por la escasez de lluvias… Pero la razón principal está en el hachazo que el PP ha dado a las renovables en este país y en el fomento que han realizado en los últimos años del uso del carbón y del gas. Y de las plantas de ciclo combinado, muchas de ellas cerradas o con escaso nivel de producción. Con una eficiencia del 50 % pero cobrando por su disponibilidad y marcando los precios. De locura. Solo para favorecer al lobbie que ha hecho una inversión multimillonaria en este tipo de plantas.

 

Lo he repetido en distintas ocasiones. Lo he denunciado. Me he opuesto –con mucha gente- a su introducción en Canarias. He dicho siempre que su suministro depende de lugares inseguros. Que su precio está referenciado con el petróleo. Que nos sigue haciendo dependientes del exterior. Que las renovables son mucho más baratas y endógenas… Y lo que está sucediendo en estos días nos viene a dar la razón: la causa principal de esta subida bestial de los precios de la energía se debe fundamentalmente al incremento de los precios del carbón y del gas (paralelo al del petróleo) y a problemas surgidos con Argelia a la hora de suministrar el gas a España. Vuelvo a repetir entonces que es una locura apostar por el gas para Canarias y no poner toda la carne en el asador para hacer posible que nuestro viento, nuestro sol, nuestra geotermia, nuestra aerotermia, nuestra biomasa, nuestra energía marina, nuestra central hidroeléctrica… nos permitan alcanzar las mayores cotas de soberanía energética y romper nuestra dependencia de los combustibles fósiles y de su suministro desde lugares poco fiables.

 

Y detrás de todo esto está el funcionamiento del mercado eléctrico mayorista: además de la tendencia del aumento del precio y sus problemas de suministro, especialmente importante en el caso del gas  y de que se han incrementado los costes de producción de las centrales de carbón y gas, el sistema de subasta que fija los precios es caótico de modo que el 'pool' funciona de forma marginalista, lo que hace que las tecnologías entren por orden de coste y la última de ellas en participar, la más cara, marca el precio para el conjunto. Aunque la hidráulica o la eólica salgan al mercado a coste cero. Demencial.

 

Según un estudio de la Oficina Estadística de Bruselas, España tiene el quinto precio más elevado de la UE de electricidad de consumo doméstico, con 0,237 céntimos por kilovatio/hora en 2015, solo superado por el de Dinamarca, Alemania, Irlanda e Italia. Introduciendo la variable del poder adquisitivo de cada país, nuestro país sería el cuarto con energía más cara, y Portugal, Alemania y Rumanía ocuparían los tres primeros puestos de la lista.

 

España es, por otra parte y mientras cierra el grifo a las renovables, uno de los seis países de la UE que han incrementado su nivel de emisiones de gases de efecto invernadero con respecto a 1990, junto con Chipre, Malta, Portugal, Irlanda y Austria, mientras que en el conjunto de la UE la emisión de estos gases se ha reducido en los últimos doce años  en más de un 25 %.

 

Y en el origen de todo aparece siempre un oligopolio montado por José María Aznar y Rodrigo Rato que vendieron a precio de saldo las grandes eléctricas españolas con el objetivo de privatizar el sector y, decían, liberalizar el mercado. Puro cuento. Hoy el mercado está en manos de un lobbie compuesto por cinco grandes eléctricas que son las que marcan las pautas y las que nos llevan a situaciones como las que estamos viviendo.  Para Sharon Beder, autora del libro “Energía y poder: la lucha por el control de la electricidad en el mundo” (Fondo de Cultura Económica), ningún país en el que se haya privatizado el sector eléctrico ha obtenido los beneficios esperados: “los precios se incrementan, los servicios se vuelven menos confiables, se producen apagones, hay menos inversión en infraestructura de generación y se pierden miles de empleos”. Según esta investigadora australiana y profesora universitaria de Ciencia, Tecnología y Sociedad: “la privatización puede ser considerada una estafa perpetrada para despojar a la sociedad de su legítimo control sobre un servicio público esencial. Es un truco concebido y ejecutado por grupos de poder que buscan beneficiarse del control privado”.

 

Y se diseñó entonces una estrategia para convencernos de que las renovables eran caras, que más de la mitad del recibo de la luz son impuestos (aunque una parte vaya a ellos). Que si estamos pagando las primas a las renovables… Y se inventan un déficit tarifario con sus amigos privatizadores (Aznar y Rato)… Y no citan los dineros recibidos por los Costes de la Transición a la Competencia que no han devuelto, ni lo que cobran por disponibilidad, ni las sobreremuneraciones que perciben por la generación con nucleares e hidráulicas ya amortizadas…Ni que han ganado más de 50.000 millones de euros desde el inicio de la crisis. Y se olvidan, por supuesto de la pobreza energética, de las puertas giratorias…

 

Y de un plumazo, con su política energética, el PP ha acabado con la posición de liderazgo mundial de España en renovables. Ha roto con la garantía de suministro que supondría utilizar elementos autóctonos como el viento o el sol, frente a las fluctuaciones y a los riesgos geoestratégicos que implican el uso de los fósiles: el mismo Llardén, presidente de Enagás, reconocía no hace mucho que “ante una hipotética situación de inestabilidad en el norte de África, más del 55 % de nuestras importaciones de gas natural podrían verse afectadas. Sin olvidar el riesgo geopolítico de Nigeria, país del que importamos el 20 % de nuestro aprovisionamiento”.

 

Pero no es solo eso, el PP  con sus políticas antirenovables ha permitido el continuo aumento de los precios de los combustibles fósiles que importamos, y que son cada vez más escasos, frente a la continua bajada de precios de las renovables, más baratas. También ha aniquilado una importante industria y un extraordinario nicho de inversiones (más de 100.000 millones) y ha hecho desaparecer más de 180.000 puestos de trabajo.  Y ha frenado un  importante escenario de exportaciones de tecnología, de investigación y desarrollo, y de abrir brechas para una nueva economía sostenible y potente… Y qué decir del famoso impuesto al sol que ha impedido que miles de hogares puedan producir su energía a través del autoconsumo.

 

Igualmente han incumplido  con las directivas europeas y el  compromiso ético de poner coto a las emisiones de CO2, de metano, óxidos de azufre y de  nitrógeno, metales pesados, ozono troposférico, y otras sustancias tóxicas, radiactivas… contribuyendo, en mayor grado, al calentamiento global y a quebrar la salud del planeta y sus habitantes. La paralización de la reducción de emisiones, no sólo se traduce en un impacto medioambiental sino indudablemente  también económico.

 

En fin lo que está sucediendo me reafirma en mi posición de siempre. Las renovables son la solución para Canarias. Mantener que el gas que está generando este incremento de los precios y esta situación de incertidumbre pueda ser una alternativa para esta tierra es una enorme irresponsabilidad. A los hechos me remito.

Antonio Morales, presidente del Cabildo de Gran Canaria.

 

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